|

Cuando viniste esta vez,
fuiste tu mi niña amada
quien me mostró
en el mismo instante de nacer,
la inmensidad de tu alma
viniste, cristalina y halada,
desnuda y dispuesta
a despertarnos del sueño
de una dualidad caducada.
Ahora tu joven y bella,
mujer entregada
eres un faro de luz
conduciendo almas.
Margarita Molins
|